lunes, 18 de abril de 2016

Cuando menos te lo esperas

Últimamente estoy más sensible. Y por más sensible me refiero a que estoy sensible. 

Será fruto de los cambios que he tenido, de la primavera o de pesar 20 kilos menos. Pero noto que siento las cosas de otra manera, que me emociono más que antes y que cosas por las que no sentía nada, ahora tienen la capacidad para que reaccione.

Hace un par de semanas fui a entregar unos papeles al INEM. Después de varios meses de mareos de papeleos "parriba y pabajo" y de tener la sensación de que iba a tener que acabar viviendo entre dos cartones me ocurrió algo curioso. 

La trabajadora que tenía enfrente era una chica/señora con gafas, media melena, pelo lacio y una cara bastante inexpresiva. Le entregué la documentación que necesitaba y la mujer iba haciendo su trabajo en el ordenador sin decir ni mu. De vez en cuando me soltaba algún "no tardaré mucho" o un "ya queda poco" pero parecía que lo hacía de forma  bastante mecánica Como si yo fuera una pieza de motor y ella una trabajadora de una cadena de montaje.

Yo no tenía demasiadas esperanzas en que la cosa acabara bien ya que las tres veces anteriores habían sido un fracaso pese a que la atención de las otras trabajadoras había sido mejor que la que tenía esta.

Al rato la chica me comunicó que ya estaba todo solucionado. Yo no me lo acababa de creer y le pregunté: ¿En serio? 

Ella me dijo que sí, me resolvió muy amablemente las trescientas dudas que yo tenía. Cierto es que su actitud no era muy cercana y mas bien era distante pero al fin y al cabo ella no estaba allí para hacer amigos. Estaba para hacer su trabajo y lo hizo de forma excepcional. Sin el plus de cordialidad y de una sonrisa, pero ya sabemos todos y todas como va el tema de los recortes. Así que entendí que no iba a hacer más de la cuenta, que nadie se lo tendría en cuenta.

Al irme le di las gracias, le desee un buen día y un feliz fin de semana. Se lo merecía.

Cuando salí a la calle tenía una sensación extraña entre alegría, emoción y puede que pena. Pena al darme cuenta de que de la forma más tonta había aprendido una lección de esas que uno suele aprender gracias a otras situaciones o experiencias. Pero no me caracterizo, por suerte o por desgracia, a ser como el resto de los mortales.

Aprendí que mi falta de esperanza por conseguir que se pudiera solucionar mi situación de desempleo se debía a que las otras ocasiones habían sido un fracaso. Y eso no quería decir que nunca se fuera a solucionar, si no que aun no había dado con la persona adecuada. (Aunque en realidad se debía a que faltaba documentación, pero en ese momento no tuve ese "pequeño" detalle en cuenta. Tócate el coño y baila).

Fue entonces, fruto de ese nivel de sensibilidad que he comentado antes, cuando comparé esa situación con mis no relaciones sentimentales. Todas han sido un fracaso. Aunque no se le puede llamar fracaso a algo que no ha llegado a ni siquiera empezar. Serían episodios piloto que no han conseguido una mínima audiencia para llegar a algo más que a un simple episodio. Pensé mucho sobre si mi pesimismo a la hora de las relaciones se veía afectado por todas las otras ocasiones dónde sólo el fracaso a visto la luz. También me pregunté si cabría la posibilidad de que igual que aquella trabajadora, dónde yo no tenía puesta la más mínima esperanza, pudiera ocurrir con algún hombre.

Se me revolvió todo el cuerpo. Eso en una película iría acompañado de un foco de luz como si hubiera visto a Cristo. Pero no pasó, casi me atropella un coche por cruzar sin mirar la carretera. Pero eso es otra historia.

El caso es que pensé mucho en esa posibilidad. En si valía la pena seguir intentando en tener la idea de que eso podría ocurrir o seguir en mi pensamiento de color negro. Entonces ahí si que vi un pequeño rayo de luz: Hay muchos jugadores en esta partida, por desgracia yo no tengo demasiada suerte en el azar. Quizás no sea cosa del azar y lo sea de jugar bien la partida con las cartas que uno tiene. O puede que haya tenido unas cartas de mierda. O que haya sido un mal jugador. Opciones hay muchas y algunas pueden hacer que duelan cosas que no tendrían porque hacer daño.

Después de eso, me puse los cascos, le di al play a un enlace de Youtube y me fui a la Abacus a comprar papel de acuarela.

Al fin y al cabo mi única opción en ese momento era no quedarme con los brazos cruzados y que mi destino tuviera que depender de nadie.