Siempre me creí fuerte. Capaz de aguantar como un jabato. Pero me he dado cuenta que ya no es así.
Las cookies no me dejan.
Por más que lo intente, todo me recuerda a ti y me cago en la puta. Pensé que ya no pensaría más en ti. No de esa manera que hace que me acuerde de todo lo que pasó y sobretodo, de lo que no pasó. La culpa es de las cookies. Tienen la capacidad de relacionarlo todo contigo. Esa es su función. Joderme la vida. No recuerdo haber aceptado ningún término ni condición para que ellas pudieran seguirme allá dónde fuera contigo y que me lo recordaran hasta que me doliera.
En ningún momento imaginé que su poder fuera tan fuerte. Ellas son como esas cicatrices que te recuerdan que dónde ahora ves una marca, antes había una herida abierta. Pero en este caso abren la herida, echan sal, agua oxigenada y te enseñan imágenes de lo lenta que es tu cicatrización.
Sólo necesito saber si existe forma alguna de poder anular su función. Porque estoy seguro de que todo esto es obra suya.
No creo que sea yo mismo el que se haga este machaque.
Últimamente estoy más sensible. Y por más sensible me refiero a que estoy sensible.
Será fruto de los cambios que he tenido, de la primavera o de pesar 20 kilos menos. Pero noto que siento las cosas de otra manera, que me emociono más que antes y que cosas por las que no sentía nada, ahora tienen la capacidad para que reaccione.
Hace un par de semanas fui a entregar unos papeles al INEM. Después de varios meses de mareos de papeleos "parriba y pabajo" y de tener la sensación de que iba a tener que acabar viviendo entre dos cartones me ocurrió algo curioso.
La trabajadora que tenía enfrente era una chica/señora con gafas, media melena, pelo lacio y una cara bastante inexpresiva. Le entregué la documentación que necesitaba y la mujer iba haciendo su trabajo en el ordenador sin decir ni mu. De vez en cuando me soltaba algún "no tardaré mucho" o un "ya queda poco" pero parecía que lo hacía de forma bastante mecánica Como si yo fuera una pieza de motor y ella una trabajadora de una cadena de montaje.
Yo no tenía demasiadas esperanzas en que la cosa acabara bien ya que las tres veces anteriores habían sido un fracaso pese a que la atención de las otras trabajadoras había sido mejor que la que tenía esta.
Al rato la chica me comunicó que ya estaba todo solucionado. Yo no me lo acababa de creer y le pregunté: ¿En serio?
Ella me dijo que sí, me resolvió muy amablemente las trescientas dudas que yo tenía. Cierto es que su actitud no era muy cercana y mas bien era distante pero al fin y al cabo ella no estaba allí para hacer amigos. Estaba para hacer su trabajo y lo hizo de forma excepcional. Sin el plus de cordialidad y de una sonrisa, pero ya sabemos todos y todas como va el tema de los recortes. Así que entendí que no iba a hacer más de la cuenta, que nadie se lo tendría en cuenta.
Al irme le di las gracias, le desee un buen día y un feliz fin de semana. Se lo merecía.
Cuando salí a la calle tenía una sensación extraña entre alegría, emoción y puede que pena. Pena al darme cuenta de que de la forma más tonta había aprendido una lección de esas que uno suele aprender gracias a otras situaciones o experiencias. Pero no me caracterizo, por suerte o por desgracia, a ser como el resto de los mortales.
Aprendí que mi falta de esperanza por conseguir que se pudiera solucionar mi situación de desempleo se debía a que las otras ocasiones habían sido un fracaso. Y eso no quería decir que nunca se fuera a solucionar, si no que aun no había dado con la persona adecuada. (Aunque en realidad se debía a que faltaba documentación, pero en ese momento no tuve ese "pequeño" detalle en cuenta. Tócate el coño y baila).
Fue entonces, fruto de ese nivel de sensibilidad que he comentado antes, cuando comparé esa situación con mis no relaciones sentimentales. Todas han sido un fracaso. Aunque no se le puede llamar fracaso a algo que no ha llegado a ni siquiera empezar. Serían episodios piloto que no han conseguido una mínima audiencia para llegar a algo más que a un simple episodio. Pensé mucho sobre si mi pesimismo a la hora de las relaciones se veía afectado por todas las otras ocasiones dónde sólo el fracaso a visto la luz. También me pregunté si cabría la posibilidad de que igual que aquella trabajadora, dónde yo no tenía puesta la más mínima esperanza, pudiera ocurrir con algún hombre.
Se me revolvió todo el cuerpo. Eso en una película iría acompañado de un foco de luz como si hubiera visto a Cristo. Pero no pasó, casi me atropella un coche por cruzar sin mirar la carretera. Pero eso es otra historia.
El caso es que pensé mucho en esa posibilidad. En si valía la pena seguir intentando en tener la idea de que eso podría ocurrir o seguir en mi pensamiento de color negro. Entonces ahí si que vi un pequeño rayo de luz: Hay muchos jugadores en esta partida, por desgracia yo no tengo demasiada suerte en el azar. Quizás no sea cosa del azar y lo sea de jugar bien la partida con las cartas que uno tiene. O puede que haya tenido unas cartas de mierda. O que haya sido un mal jugador. Opciones hay muchas y algunas pueden hacer que duelan cosas que no tendrían porque hacer daño.
Después de eso, me puse los cascos, le di al play a un enlace de Youtube y me fui a la Abacus a comprar papel de acuarela.
Al fin y al cabo mi única opción en ese momento era no quedarme con los brazos cruzados y que mi destino tuviera que depender de nadie.
A menudo tengo la sensación de perder. De hecho, estoy muy acostumbrado a ello. No he sido de los que se enfadaban al perder en un juego de mesa, una partida o en un partido de algún deporte (que yo alguna vez también he practicado actividad física de forma competitiva en grupo).
El caso es que con el tiempo, y después de algún disgusto que otro, he aprendido a que en algunas ocasiones, por muy contradictorio que parezca, perder es ganar. En algunos casos creemos que hemos perdido algo, pero no hay mayor recompensa que perder según que cosas, situaciones o incluso personas.
Perder es ganar. Ganar no es perder. Lo importante es saber alzarse del suelo antes de que se nos acabe la cuenta atrás del "Continue?", insertemos la moneda o apretemos al botón adecuado. Porque a veces sin darte cuenta, te pajareas y se te pasa el tiempo. Después resulta mucho más difícil reemprender tu dura lucha. Aunque por suerte eso no significa específicamente que no puedas seguir con tu objetivo, sólo que te costará un poco más. Y aquí nadie a venido a sufrir más de la cuenta.
A veces tengo la sensación de que soy una herida abierta. De esas que las miras y tienen muy mala pinta. De las que por más que lo intentes no se llegan a curar y cuando parece que han cicatrizado y las tocas, notas que debajo la cosa sigue blanda y aun duele.
No es la mejor sensación del mundo, la verdad. De hecho es una mierda. Pero por suerte las cosas no duran para siempre. Y digo suerte como podría decir desgracia, pero en este caso es suerte.
Aprendes a vivir cómo si eso fuera algo normal y a veces ese dolor se intensifica. Más dolor dónde no tendría que haber eso. Pero todo suma. Todo. Pienso que sin la base de dolor, el auténtico dolor sería menos intenso. Tendría la intensidad que debería tener, con sus matices. La sensación es parecida a cuando te duele algo y todos los golpes van a esa zona. Si no doliera de antes, seguramente esos golpes no los viviríamos de forma tan intensa. Creo que es un buen ejemplo. Se nota que hoy he tomado café del bueno.
El caso es que las heridas abiertas o las cicatrices mal curadas hacen que el día día sea más difícil. Pero igual que las úlceras por presión, con un tratamiento adecuado, se puede curar. Aunque a veces el gran porcentaje de que eso ocurra depende de uno mismo/a, el resto es de ayuda externa. Ya sea una gasa con betadine o gente que nos rodea. Puede que sin darse cuenta, ni nosotros/as mismos/as, pero eso es esencial para no ir dejando un rastro de sangre por allá dónde pasamos.
Por eso es tan importante que intentemos cicatrizar bien cicatrizado cada herida. Con ayuda o sin. Por qué llegará un día en el que nos demos un golpe en esa zona dónde tanto nos dolía y mejor que no tengamos secuelas para seguir con nuestra vida de forma normal. Por qué lo normal no es que todo duela de forma exagerada, si no saber amortiguar los golpes, no que estos formen parte de nosotros/as.
No pretendo que esta entrada resulte algo alarmista o un intento de dar pena. Pena es robar y que te pillen.
El otro día, por primera vez en la historia de mi vida (podría decir desastrosa pero lo dejaré sólo en vida) sentimental, me declaré.
La sensación previa es parecida a cuando subes por primera vez al examen de conducir. Las siguientes no son tan intensa, en lo que refiere a volver a subir a examen. En el otro caso no lo se.
Obviamente y siguiendo los patrones y directrices de alguna maldición gitana que me hayan echado, la respuesta no fue correspondida. Todo fue muy correcto y con una sensibilidad a la que no estoy acostumbrado. Es como si te dieran una bofetada con unos guantes de seda puestos. La torta te la llevas, pero algo suavizada.
El caso es que esta vez la sensación que sentí fue diferente. Como ya he dicho antes, era la primera vez que hacía algo así. Pero eso no significa que me haya llevado la misma respuesta de formas diferentes y en otros contextos. En esos, sentía como si metieran la mano en mi pecho y me arrancaran ese órgano que hace llegar la sangre a todo el cuerpo. Esta vez era más bien una sensación de: ¡Me cago en la puta! ¡He estado cerca!
Una parte de mi estaba contenta por qué había dado el paso y había asumido los riesgos. Poco a poco.
En un principio estaba bastante sereno. Pero siempre llega la parte en la que te metes en el coche, les envías un audio a tus amigos pasando el parte mientras se te quiebra la voz y empieza el festival de lágrimas. La Ronda de Dalt puede dar fe de que un señor se la recorrió entera llorando mientras escuchaba la BSO de MOULIN ROUGE (a veces soy un poco gay) y después con la canción de FLORENCE + THE MACHINE Queen Of Peace.
He de decir que mi zona de confort para desahogarme es el coche. De hecho, no recuerdo haber llorado tan intensamente como dentro de un coche. Y las personas que me conocen saben que no soy nada de llorar. N.A.D.A.
El caso es que no hay mejor kit de primeros auxilios que los amigos/as. Iniciaron un protocolo de gabinete de crisis y por la tarde-noche los y las tenía en mi casa para hacerme compañía.
Sé que la suerte que no tengo en el amor si que la tengo con la amistad. Y es inversamente proporcional. Así que ¡Flipa tulipa!
Me sabe mal haberles preocupado y hacerles llorar también. Porque ellos y ellas son un poco más sensibles que un servidor.
Después de eso, al día siguiente sobreviví decentemente con un par de momentos de bajón más. Por suerte mi nivel de recuperación es parecido al de Cor Petit (Piccolo para la gente no catalana) y estoy un poco mejor. Mi corazón sigue latiendo como el de un colibrí y noto una sensación de presión. Pero supongo que es normal, igual que cuando te revientas un grano que sigue quedando el bultito pero ya no queda nada dentro por salir. Quizás a mi si que me quede algo. Pero mis ojos no son las cataratas de Iguazú. Poco a poco.
Y aquí viene el por qué del título de post.
¿Cómo lo hacéis?
¿Cómo hacéis para conocer a alguien y que de eso salga algo bonito, aunque sea con fecha de caducidad?
¿Cómo tenéis tan poca vergüenza de acabar una relación y no poneros en la cola del amor? ¿Por qué os coláis? ¿Tenéis el coche en doble fila? ¿Quizás sólo prisa?
Sea lo que sea no se lo que tardaré en volver a pedir tanda. Lo que si que tengo claro es que sta fue una de esas partidas en las que al acabar subes 5 niveles de experiencia.
Y de eso se trata, de ir subiendo de nivel para estar preparado para el FINAL BOSS.
De momento seguiré entrenando cuando la pócima de restauración de vitalidad haya surgido efecto.
El año empezó de la mejor manera que podría empezar: con las amigas. Dormimos todas juntas en casa. El día 1 encargamos pollos a l'ast dónde el pollero trata fatal a sus empleadas y eso me pone muy burraco. Después jugamos a juegos de mesa y más cosas cuquis. Total, que la gente no se fue hasta el día 2. Y yo encantado. Ese día hicimos dos propósitos para el 2015: "No herir para reír" y "Con verde peso se pierde" Sólo diré que una de ellas no se cumplió porque va en contra de nuestra naturaleza. Y lo que empezó bien se volvió una puta mierda. A mediados de mes nos dejaba la yaya. No puedo negar que fue duro, pero estoy contento porque ella estuvo rodeada de los suyos. Yo, creo que inducido por estar viendo "Six feet under" viví toda la burocracia de eso de una forma bastante serena y "asumiendo un poco" las cosas, porque mis tías y mi madre no estaban demasiado enteras. Justo el día siguiente que le dijimos adiós a la yaya fue a ver a Beth al auditorio de Rubí. Hay gente que nunca ha ido al cine solo y mucho menos a un concierto. Creo que es lo mejor que pude hacer. Música en vivo, producto catalán de proximidad y un arropo que necesitaba.
A finales de mes, después de casi 11 años, dejé la ludoteca donde trabajaba. Parece mentira, pero Gracias a la Intro del ultimo (y espero que sea el último en general) disco de Cheryl decidí que era el momento de iniciar un cambio y dedicarme tiempo. Una de las mejores decisiones que he tomado nunca.
Febrero
Este mes no lo recuerdo con grandes acontecimientos excepto el concierto de Katy Perry dónde fui disfrazado de sandía y la liamos un poco as usual con las amiguis. La verdad es que me llevé una gran sorpresa con la muchacha. Este año no celebré el carnaval por cuestiones ajenas a una buena organización. Pero ya tengo disfraz para el año que viene. A Final de mes hicimos por primera vez un viaje mis padres y yo. El destino fue Lisboa. Muy recomendable. Se come MUY bien y muy barato. Y he de decir que es un mito lo de las mujeres peludas.
Marzo
Empecé el mes tomando la decisión de pedir ayuda externa con un par de asuntos y di con una gran profesional. Otra de las mejores decisiones que he dado. Ese mes fue el que pasé de decena. Yo no soy de celebrar mi cumpleaños pero esta vez decidí hacerlo a lo grande. Junté a familia y amigos y amigas en un local, paella para 100 y muchas sorpresas. Me pasé dos putas semanas preparándolo todo en plan secreto. Con tanta preparación me olvidé de que en los cumpleaños a uno le regalan cosas. Todo fue genial del coño. Estaba en una nube. Yo no estoy demasiado familiarizado con los sentimientos positivos, pero se agradece. Eso, y que no todos los días uno celebra los 30 soplando la cola de un pastel de Charmander.
Abril
Este mes lo podría resumir con sólo una palabra; ¡¡¡POLLONETA!!! Puedo decir que he formado parte de la mejor despedida de soltera de la historia. San Sebastián, Santander y el parque de Cabárceno se siguen acordando de nosotras. Genial se queda corto.
Mayo
Mayo lo empecé en Roma. Pese a las ¿6? o fueron 8 horas de cola para entrar al museo del Vaticano todo fue perfecto. La ciudad me enamoró. La comida también, pero menos que Lisboa. Pude ejercer mi derecho a la rebeldía entrando a la Ciudad del Vaticano con una camiseta de Madonna en plan guarra. Tenía que dejar constancia de que no estoy bautizado.
Ese mes también empecé un reto muy grande: Pintar un mural de 3 metros de ancho por 4 de alto en una de las paredes del patio del colegio donde trabajo. Fue todo un reto, y honor, dejar mi huella para celebrar el décimo aniversario de la escuela. Increíble. Pese a que subirme a un andamio es de lo más chungo que he hecho.
A mitad de mes tomé otra de las mejores decisiones que pudiera tomar: Ir a la nutricionista. Creo que ni ella ni yo nos imaginamos hasta dónde íbamos a llegar. Y lo que nos queda. Suena un poco dramático o exagerado, pero me ha cambiado la vida. Para bien.
Junio
Si en Abril fue la despedida, en junio tocó LA BODA. Un fin de semana genial en Andorra y una boda más genial aun. Ese mes asistí a la despedida de un grupo de 6º de primaria. Unos niños y niñas que tuve cuando iban a p-5 hasta 3º. Los que trabajan en colegios saben que a veces hay grupos que te tocan la fibra de una forma especial y este era uno de ellos. Mucha emoción, momentos recordando viejas anécdotas y sobretodo un sentimiento de orgullo que me llenaba el pecho. Para el orgullo de este año tuvimos un pequeño percance con un vecino loco que nos intentó agredir, pero nosotras como señoras que somos no caímos al trapo y por suerte todo se quedó en una tontería sin más. Se estrena Jurassic World y no puedo disfrutar más viéndola.
Julio
Comencé el mes en el orgullo de Madrid y quedándome sin móvil gracias a unas manos muy rápidas e hijasdelagranputa. Después de eso fuimos un fnde los Freakabreras a Platja d'aro. Yo fui de empalme directo de una Popair en la que acabé como las cabras desayunando chino en pelotas. Pero obviando eso...¡VIETNAM! Un gran viaje y mejor compañía. Me encantaría hacer un resumen de todo lo que vivimos allí, pero yo no soy la persona indicada. Eso es trabajo de la experta en hacer ese tipo de cosas...Ejem, ejem...
Agosto
Cómo viene siendo costumbre en mi, no me gusta volver de vacaciones sin resultar herido o lastimado. Así que al volver de Vietnam tuve que ir al médico porque me dolía mucho la rodilla. Me sacaron dos agujas de liquido y me derivaron al traumatologo. Fue un mes de bastante relax y de tener la pata en alto. Como mis últimos agostos.
Septiembre
Vuelta al cole y empezar un curso de Photoshop. Como siempre, colonias Cabrera. Esta vez decidí hacer un comeback y preparar un juego de los que solía hacer. Nos lo pasamos tan bien que me volví a joder la rodilla. Me hicieron una resonancia magnética y premio: Condromalacia rotuliana. Una enfermedad que le pasa a los deportistas. ¡AJÁ! Sabía que no debía haber hecho aquagym aquella vez.
Octubre
Empecé apuntándome como alumno en clases de teatro. Algo que llevaba mucho tiempo queriendo hacer y que desde adolescente no hacía. La rodilla va a peor y me tengo que quedar en casa haciendo reposo. Y tanto en casa y con la ayuda de una canción de Elena Gadel me planteo muchas cosas. Siguiendo la estela del resto del año. Visito el Salón del Manga y me doy cuenta que cada vez la gente huele peor.
Noviembre
Asisto a uno de los conciertos del top 10 d eme vida: The legend of Zelda: Symphony of Goddesses. No hay palabras para describirlo. No las hay. Todo el rato con el vello de punta y orgasmo musical tras otro. Ese mismo rinde nos vamos a celebrar los 50 de mi tío a una casa de colonias. También la señora Madonna nos visitó y yo, gracias a la entrada que me regaló mi familia, la pude ir a ver. Nadie le tose a esa mujer.
Diciembre
Otra boda. Esta vez viví la organización muy de cerca. Me sentí como si fuera Jennifer López. Unos novios guapísimos y un día muy chévere. También cumplí la ilusión de que algún dibujo mío decorara las paredes la Popair y así fue. Un Belén de 3 metros de largo por casi 2 de ancho ocupaba toda una pared. Fue mi primera gran colaboración con un ilustrador y enemigo de ciudad vecina, y espero que no sea la última. También es el mes de las bolsas. Un proyecto que tenía en mente desde hacía tiempo y que no puedo estar más contento y orgulloso del resultado.
Este año, como todos, ha tenido sus cosas malas, muy malas, pero ha abundado lo bueno. MUY BUENO. Y eso bueno no ha sido fruto de la casualidad, si no, en la mayoría de casos ha sido gracias a que las cosas se están haciendo bien hechas. A que la actitud es la correcta. A que ha empezado el momento de cambios. Esto no está haciendo más que despegar.No puedo ser más afortunado de estar rodeado de muy buena gente, familia y amigos. A todas y todos con los que he compartido algún momento de este año: GRACIAS. Y en especial gracias a ti. Tú sabes quien eres. Desde hacía mucho que no te tenía tan cerca y tan bien. Y está claro que sin tu ayuda todo esto no habría pasado. Sigue así. Y seguir así significa estar mejor que nunca.
Creo que ha llegado el momento. El momento de saltar al vacío.
No es una situación sencilla. Más bien diría que ni siquiera es una situación si no un punto y a parte. Todo tiene un principio y un fin, menos Cher, que ella acabará enterrando al sistema solar. La experiencia nos hace más sabios pero a la vez hace que no vivamos los retos como lo hacíamos antes.
Y como eso, todo. Llega un punto en el que hay que parar un momento del ritmo frenético que llevamos y preguntarnos: ¿Que es lo que quiero? Hasta aquí es fácil ya que normalmente lo que queremos son cosas positivas. Algunas incluso fantasiosas. Lo jodido viene cuando te haces la siguiente pregunta: ¿Que me merezco? Aquí normalmente sale el kamikaze que llevamos dentro. En mi caso es una legión de Lemmings kamikazes dispuestos a destrozar todo lo que tengan por delante, e incluso a ellos mismos. Pero con la diferencia que ellos tienen un objetivo. En mi caso no lo tengo tan claro. Y no miento cuando digo que terminar con una horda de kamikazes es de lo más difícil que he hecho nunca y mira que he hecho cosas difíciles. Después de todo ese desgaste por dejar la zona limpia, te vuelves a hacer la pregunta. Esta vez con una respuesta más satisfactoria y un poco más realista. La tercera pregunta ya supera el nivell del super guerrer que supera la forma del super guerrero. ¿Que tengo que hacer para conseguir lo que me merezco? Aquí ya no hay kamikazes, aparentemente, y estás sólo ante tus propias respuestas. Es difícil, pero no debería serlo ya que es algo que hemos decidido nosotros para nosotros mismos. No hay agentes externos que nos puedan engañar o confundir. Pero hay algo peor: cicatrices. Las cicatrices se dividen en dos tipos: las que están curadas y nos recuerdan por lo que hemos pasado. Y estas deberían servirnos de aviso para no repetir errores. Las hay más grandes y otras más pequeñas. Pero no dejan de ser lo que son. Daños reparados. Después existen las cicatrices mal curadas. Estas son las que a simple vista parecen que están curadas pero al más mínimo contacto con ellas se vuelven a abrir. Y cuando se abren duelen e incluso, a veces, supuran. Igual que las otras, hay de más grandes y más pequeñas. Algunas a simple vista ni se ven. Esas son las que más escuecen. Cómo cuando te cortas el pliegue de algún dedo con un papel.
Por eso es tan importante cicatrizar bien, porque para saltar hay que tener las cosas muy claras y estar lo más sano posible. Si no, un salto hacia un vacío incierto puede significar saltar a un pozo oscuro y sin salida.
Y trabajar, trabajar mucho.
Porque al fin y al cabo, si no trabajamos nosotros mismos, nadie lo hará por nosotros.