domingo, 27 de noviembre de 2011

Nosotros

Hace un rato me has preguntado porque creía yo que nunca he tenido pareja. Esa pregunta creo que no me la había hecho nunca antes, posiblemente ni yo mismo. Te he contestado que puede que sea que yo estoy bien para un rato, pero no para tanto tiempo como requiere una relación. También creo que tengo una parte demasiado independiente como para poder "compartir la vida".

Hemos hablado sobre que necesitamos querernos más, aplicarnos los consejos que damos, no ser tan machacones con nosotros. Tendríamos que estar en armonía con nosotros mismos más que con cualquier otra persona. Vivimos pensando que necesitamos otra persona que nos complemente cuando lo que necesitamos es estar completos por nosotros mismos.
Es algo muy difícil. Es como una enfermedad que parece imposible de curar. Tu estás por mi y yo estoy por ti y eso es bueno, pero mejor sería estar mucho más por nosotros mismos. A veces tendemos a ocuparnos por los demás y dejar de preocuparnos por nosotros. Así nos olvidamos de lo que tenemos que solucionar interiormente, que es algo que cuesta y duele como nada.

No se la solución, ojalá. Lo que se es que hay un problema, más común de lo que creía, por desgracia. Cosa que no me hace sentir más comprendido ni mejor.

Estoy cansado, mucho. LA sensación es parecida cuando te pierdes en una mazmorra del Zelda; sabes que hay salida, que otros lo han conseguido antes, pero cada uno tiene su ritmo. El problema no es solo encontrar la salida, sino que sabes que para poder salir de allí, antes tendrás que derrotar a un monstruo. Y no será tarea fácil.



Y como te he dicho: "Me gustaría quererme tanto como te quiero a ti"


1 comentario:

Lleonard Pler dijo...

He tardado 29 años en comprender que si no me quería a mí mismo, si no me mimaba a mí mismo... ¿cómo podía pretender o exigir que otro me quisiera y me mimase?

Cuando era teleoperador y vendía cosas en las que no creía (telefonía, por ejemplo), me costaba vender porque sentía que estaba estafando. Ahora que vendo libros y cosas japonesas, vendo lo que me gusta, y se me nota porque sonrío más, y confío en lo que vendo, y a la gente le gusta comprármelo porque notan mi entusiasmo.