jueves, 25 de agosto de 2016

Cierre

Hay veces en las que tienes que sentarte, coger fuerzas y hacer algo que quizás debiste hacer hace mucho tiempo. Y así ha sido hoy.

He tardado, pero por fin lo he hecho. 

Me despido de algo de lo que hace tiempo me tenía que haber despedido.

Quizás no sea algo para compartir así tan abiertamente, pero cabe la posibilidad de que si esto le puede servir a alguien, bienvenido sea.

Y si no, pues al menos ya sabréis el motivo de porque hago tanto humor negro con mi vida sentimental.

Dentro vídeo

"Llegaste cuando menos lo esperaba. De hecho, nunca imaginé que me pasaría y mucho menos en el infierno que eso supondría. Y digo infierno porque es lo que he vivido, quizás por eso mi humor se volvió más negro y mi forma de vivir y entender las cosas sean diferentes después de cruzarme contigo.

Sentí cosas que nunca antes había sentido. Sentí un sentimiento descomunal de bienestar y también la más horrible de las penas. Y me jode reconocerlo, pero eras mi todo. Y yo no era nada. Normal, yo era un chico y los chicos como tu no se fijan en otros tíos. Recuerdo perfectamente ese cosquilleo que sentía cuando te oía hablar, me llegaba un SMS o incluso si veía tu moto aparcada en mi portal. Sabía que no venías expresamente a verme a mi. De hecho el motivo por el cual venías me partía el alma en dos, pero justo después me alegraba saber que ya que estabas allí te pasarías a verme. Vivía en una puta montaña rusa emocional. Gracias a ti o por tu culpa. Más de diez años después sigo sin tenerlo claro. Tuve muy mal ojo de fijarme en quién no me tenía que fijar. Eso es a lo que llaman el primer amor. En mi caso no se como coño llamarlo porque después de eso parece que me hayan quedado secuelas de por vida. Como quién pierde una pierna en un accidente de coche. Yo sigo teniendo todas las extremidades, pero una parte de mi se quedó en estado vegetal. Me partiste la cara, de forma literal, y eso parece que me marcó de por vida. Y no me da la gana de seguir así por alguien que no vale la pena. Parece que desde ese momento entendí mal lo que era el amor en todas sus facetas, pero en especial lo que se refiere amor del que hablan las películas. Quizás sea parecido a cuando un niño es pequeño y le enseñan mal las letras. El resto de su vida pensará que lo que para otros es la letra “A” para el es la “M”. Desde ti no concibo el amor como algo que no sea dolor. Y por lo que me cuentan, quizás tengo el concepto un poco distorsionado. No he podido sentir bienestar sin estar sufriendo. Y estoy cansado de eso. No pretendo recriminarte nada porque el daño ya está hecho y no hay máquina del tiempo para cambiar lo que ya ha pasado.

Con esto lo que quiero es cerrar una puerta. Una puerta en la que sólo han entrado cosas malas y que me han hecho sentir mal durante más de una década. Quiero olvidarme de esa falsa sensación de alegría y de la puta amargura que sentí cuando me dijiste sonriendo que estabas saliendo con mi vecina. No quiero que ese sentimiento se vuelva a reproducir de esa manera tan intensa que parecía que me atravesaran el pecho con un objeto punzante y ardiente. Quiero vivir las cosas en su medida. Tampoco quiero ser insensible ante otras cosas que me hagan sentir como un puto monstruo sin corazón. Si no tengo corazón es porque lo perdí por ti. O me lo arrancaste con una hostia en la cara. Me da igual. Quiero recuperarlo y aquí no hay ningún bloque de cemento o vasija que romper para recuperarlo. No quiero tenerte como patrón de referencia de lo que es estar enamorado porque eso me mata y me hace sentir un desgraciado cuando tengo muchos más motivos para no sentirme así. Quiero quitarte el poder que no se porque coño te di y que parece que lo tengas de forma vitalicia. Yo siempre he sido de los que piensa que nada es para siempre y tú y tu recuerdo está durando demasiado.

Cuando pienso en ti pienso en un quiste que tengo enganchado en el corazón como una mancha de alquitrán que se ha adentrado tanto que se ha convertido en metástasis. Y lo peor es que sólo depende de mi arrancarte de cuajo. No puedo pretender que venga nadie y me haga que te olvide igual que no puedo pretender estar preparado para que entre nadie en mi vida estando yo lleno de secuelas tuyas. No quiero fijarme en más gente como tú. Creo que ya tuve bastante con alguien como tú.
Siento la necesidad de dar pero me siento incapaz por el miedo de lo que vendrá después. Sería como vivir una ruptura antes de que ni siquiera haya comienzo. Vivir lo malo sin vivir lo bueno. Para mi es lo que ha sido hasta ahora a lo que podríamos llamar “amor”. Y me he cansado. Me he cansado y me he agotado de acumular fracasos y vivirlos como si fuera el fin de los tiempos. Y en muchos casos ni siquiera era para dedicarle más de media hora a estar mal. En otro ni siquiera la otra persona sabía nada. Así de gilipollas he sido todo este tiempo. Este año por fin, y por primera vez, fui capaz de hacer algo que jamás podría hacer. Y me llevé una hostia bien gorda, pero estaba contento de haber desbloqueado un reto. Creía que lo tenía superado, pero desde hace unos días que volvía a tener la misma sensación de sufrimiento innecesario que he sentido antes. Y ya basta. Estoy un poco hasta el coñamen de sentirme así de mal por lo que un desgraciao' me hizo.
Así que con esto le pongo fin a ti y a tu legado de mierda que dejaste en mi. Espero no tener que hacer nunca un DLC de esto ni una segunda parte. De verdad que lo espero.

Hasta nunca."




lunes, 6 de junio de 2016

Tempus fugit

Cierro los ojos e intento no pensar pero de nada sirve. Mi mente parece, por desgracia, una trabajadora de una fábrica de Inditex. 

Odio no saber desconectar. Pero más odio no poder hacerlo.


Espero que el yoga me ayude a conseguirlo. Si no al menos habré ganado en elasticidad y poder hacer la postura de la vela. Que ya es mucho.


Últimamente me he dado cuenta de que vivimos súper acelerados y aceleradas. El modelo de vida que llevamos es frenético y no nos permitimos tener un momento de "no hacer nada!. A veces ese tiempo "desaprovechado" es más que necesario para oxigenarnos. Pero no suele ocurrir.

Desde hace un tiempo, cuando decidí tirarme a la piscina e intentar dedicarme a lo mío, intento evitar ese estrés que llevaba, y después de varios meses, aun tengo un poco de deje. He estado durante unos 10 años con varios trabajos. Mi jornada laboral se resumía en entrar a trabajar a las 9 y salir a las 19:30. De lunes a viernes y los findes normalmente los he tenido libres, pero también me ha tocado currar si ha salido algo. En verano era época de casales de verano. Recuerdo un año en que hacía 3 a la vez. Jornada de 8 a 22:00 aproximadamente. Pero no me importaba porque me lo pasaba bien y tenía juventuT. Cuando entras en la espiral del estrés no eres consciente de nada más. Aprovechas cualquier hueco libre para llenarlo con algo útil.

Ahora intento vivir sin eso, pero sigo tiendo la cultura del no-desperdiciar-el-tiempo muy arraigada. Planifico el día desde que me levanto hasta que me acuesto. Aunque no siempre lo cumplo, pero la intención ya está ahí. Sí que es verdad que me acuesto cuando tengo sueño y me levanto cuando el cuerpo me lo pide. Sigo durmiendo una mierda, pero no uso despertador. Como cuando tengo hambre y hago lo que tengo que hacer cuando la llamada de la naturaleza me avisa. No pretendo que suene pedante, pero si que me gustaría que por un momento pensáramos cómo serían nuestras vidas sin horarios tan marcados, si viviéramos con ritmo caribeño (aunque fuera sólo la mitad) durante un tiempo.

Me gustaría poderlo conseguir y no tener que estar pensando que necesito llevar encima si, por poner un ejemplo, un día tengo que ir a pintar un mural, después al gimnasio, después a tomar algo seguido de un correfoc y por último salir de fiesta. Todo esta logística por tal de aprovechar el tiempo al máximo y no tener que pasar por casa. ¿Para qué? pues para no perder tiempo.

Todo el puto día, o la puta vida, pensando en que el tiempo se pierde. Y el tiempo ni se gana ni se pierde: pasa. Simplemente pasa. De nosotras y nosotros depende lo que hagamos con el y lo que lo disfrutemos. Quizás creamos que es mejor ir corriendo a los sitios para llegar antes a nuestro destino o aprovechar una espera para hacer la compra. Sea lo que sea, el cabrón cada vez pasa más rápido y yo cada vez tengo menos ganas de correr.

jueves, 12 de mayo de 2016

Eso



Ella no era diferente al resto de sus semejantes. Era joven, relativamente guapa, las curvas de su cuerpo recordaban a las obras de Rubens y, en bastantes ocasiones, su concepto de si misma no era el mejor del mundo. Pero eso no le importaba porque sabía de sobras lo que le hacía recobrar su nivel básico de autoestima. Era algo que años atrás nadie se habría imaginado pero que de golpe y porrazo ese algo parece ser que se extendió igual que se extendían las epidemias en la Edad Media.

Su confianza dependía de algo exótico y cercano a la vez. Ella lo necesitaba igual que los pájaros necesitan sus alas para volar. Y era muy difícil de conseguir en algunas ocasiones. No importaba el esfuerzo ya que la recompensa siempre era infinitamente más satisfactoria que cualquier esfuerza que hubiera que hacer.

Eso que necesitaba lo podía conseguir por si misma, pero el efecto que le producía no era el mismo. Ella tenía que conseguirlo de una forma indirecta. El hecho de ser ella la que lo consiguiera de forma directa le producía una sensación de disgusto consigo misma que no le beneficiaba nada. Y más teniendo en cuenta que eso era lo único que la salvaba de su propia negatividad.

Su método era bastante sencillo. Para conseguir su objetivo necesitaba que se lo ofrecieran. No importaba que ella lo sugiriera. Muchas veces ni lo tenía que insinuar ya que eso estaba tan extendido que a una gran mayoría de la población también le fascinaba. Aunque seguramente no de la misma manera que a ella.

Una vez la propuesta estaba hecha ella entraba en un estado de euforia personal. Lo que pasaba después de conseguir eso era siempre parecido. Algunas veces sucedía incluso antes y eso se convertía después en su recompensa.

Ella sabía el motivo por el que lo hacía y lo que quería conseguir en ella. Sabía que nunca se sentiría bien consigo misma y que eso que le daba la felicidad pasajera le acabaría produciendo más dolor.


Pero no tenía otra opción. Al fin y al cabo, eso es lo que hace la cortesana del sushi.



Por Abuga

lunes, 9 de mayo de 2016

Cookies

Siempre me creí fuerte. Capaz de aguantar como un jabato. Pero me he dado cuenta que ya no es así.
Las cookies no me dejan. 

Por más que lo intente, todo me recuerda a ti y me cago en la puta. Pensé que ya no pensaría más en ti. No de esa manera que hace que me acuerde de todo lo que pasó y sobretodo, de lo que no pasó. La culpa es de las cookies. Tienen la capacidad de relacionarlo todo contigo. Esa es su función. Joderme la vida. No recuerdo haber aceptado ningún término ni condición para que ellas pudieran seguirme allá dónde fuera contigo y que me lo recordaran hasta que me doliera. 

En ningún momento imaginé que su poder fuera tan fuerte. Ellas son como esas cicatrices que te recuerdan que dónde ahora ves una marca, antes había una herida abierta. Pero en este caso abren la herida, echan sal, agua oxigenada y te enseñan imágenes de lo lenta que es tu cicatrización.

Sólo necesito saber si existe forma alguna de poder anular su función. Porque estoy seguro de que todo esto es obra suya.

No creo que sea yo mismo el que se haga este machaque.

No quiero creerlo.

Es más fácil culpar a las cookies.


lunes, 18 de abril de 2016

Cuando menos te lo esperas

Últimamente estoy más sensible. Y por más sensible me refiero a que estoy sensible. 

Será fruto de los cambios que he tenido, de la primavera o de pesar 20 kilos menos. Pero noto que siento las cosas de otra manera, que me emociono más que antes y que cosas por las que no sentía nada, ahora tienen la capacidad para que reaccione.

Hace un par de semanas fui a entregar unos papeles al INEM. Después de varios meses de mareos de papeleos "parriba y pabajo" y de tener la sensación de que iba a tener que acabar viviendo entre dos cartones me ocurrió algo curioso. 

La trabajadora que tenía enfrente era una chica/señora con gafas, media melena, pelo lacio y una cara bastante inexpresiva. Le entregué la documentación que necesitaba y la mujer iba haciendo su trabajo en el ordenador sin decir ni mu. De vez en cuando me soltaba algún "no tardaré mucho" o un "ya queda poco" pero parecía que lo hacía de forma  bastante mecánica Como si yo fuera una pieza de motor y ella una trabajadora de una cadena de montaje.

Yo no tenía demasiadas esperanzas en que la cosa acabara bien ya que las tres veces anteriores habían sido un fracaso pese a que la atención de las otras trabajadoras había sido mejor que la que tenía esta.

Al rato la chica me comunicó que ya estaba todo solucionado. Yo no me lo acababa de creer y le pregunté: ¿En serio? 

Ella me dijo que sí, me resolvió muy amablemente las trescientas dudas que yo tenía. Cierto es que su actitud no era muy cercana y mas bien era distante pero al fin y al cabo ella no estaba allí para hacer amigos. Estaba para hacer su trabajo y lo hizo de forma excepcional. Sin el plus de cordialidad y de una sonrisa, pero ya sabemos todos y todas como va el tema de los recortes. Así que entendí que no iba a hacer más de la cuenta, que nadie se lo tendría en cuenta.

Al irme le di las gracias, le desee un buen día y un feliz fin de semana. Se lo merecía.

Cuando salí a la calle tenía una sensación extraña entre alegría, emoción y puede que pena. Pena al darme cuenta de que de la forma más tonta había aprendido una lección de esas que uno suele aprender gracias a otras situaciones o experiencias. Pero no me caracterizo, por suerte o por desgracia, a ser como el resto de los mortales.

Aprendí que mi falta de esperanza por conseguir que se pudiera solucionar mi situación de desempleo se debía a que las otras ocasiones habían sido un fracaso. Y eso no quería decir que nunca se fuera a solucionar, si no que aun no había dado con la persona adecuada. (Aunque en realidad se debía a que faltaba documentación, pero en ese momento no tuve ese "pequeño" detalle en cuenta. Tócate el coño y baila).

Fue entonces, fruto de ese nivel de sensibilidad que he comentado antes, cuando comparé esa situación con mis no relaciones sentimentales. Todas han sido un fracaso. Aunque no se le puede llamar fracaso a algo que no ha llegado a ni siquiera empezar. Serían episodios piloto que no han conseguido una mínima audiencia para llegar a algo más que a un simple episodio. Pensé mucho sobre si mi pesimismo a la hora de las relaciones se veía afectado por todas las otras ocasiones dónde sólo el fracaso a visto la luz. También me pregunté si cabría la posibilidad de que igual que aquella trabajadora, dónde yo no tenía puesta la más mínima esperanza, pudiera ocurrir con algún hombre.

Se me revolvió todo el cuerpo. Eso en una película iría acompañado de un foco de luz como si hubiera visto a Cristo. Pero no pasó, casi me atropella un coche por cruzar sin mirar la carretera. Pero eso es otra historia.

El caso es que pensé mucho en esa posibilidad. En si valía la pena seguir intentando en tener la idea de que eso podría ocurrir o seguir en mi pensamiento de color negro. Entonces ahí si que vi un pequeño rayo de luz: Hay muchos jugadores en esta partida, por desgracia yo no tengo demasiada suerte en el azar. Quizás no sea cosa del azar y lo sea de jugar bien la partida con las cartas que uno tiene. O puede que haya tenido unas cartas de mierda. O que haya sido un mal jugador. Opciones hay muchas y algunas pueden hacer que duelan cosas que no tendrían porque hacer daño.

Después de eso, me puse los cascos, le di al play a un enlace de Youtube y me fui a la Abacus a comprar papel de acuarela.

Al fin y al cabo mi única opción en ese momento era no quedarme con los brazos cruzados y que mi destino tuviera que depender de nadie.

lunes, 21 de marzo de 2016

Continue?

A menudo tengo la sensación de perder. De hecho, estoy muy acostumbrado a ello. No he sido de los que se enfadaban al perder en un juego de mesa, una partida o en un partido de algún deporte (que yo alguna vez también he practicado actividad física de forma competitiva en grupo).

El caso es que con el tiempo, y después de algún disgusto que otro, he aprendido a que en algunas ocasiones, por muy contradictorio que parezca, perder es ganar. En algunos casos creemos que hemos perdido algo, pero no hay mayor recompensa que perder según que cosas, situaciones o incluso personas.

Perder es ganar. Ganar no es perder. Lo importante es saber alzarse del suelo antes de que se nos acabe la cuenta atrás del "Continue?", insertemos la moneda o apretemos al botón adecuado. Porque a veces sin darte cuenta, te pajareas y se te pasa el tiempo. Después resulta mucho más difícil reemprender tu dura lucha. Aunque por suerte eso no significa específicamente que no puedas seguir con tu objetivo, sólo que te costará un poco más. Y aquí nadie a venido a sufrir más de la cuenta.

Y menos a toparse con el GAME OVER.


lunes, 15 de febrero de 2016

Herida abierta

A veces tengo la sensación de que soy una herida abierta. De esas que las miras y tienen muy mala pinta. De las que por más que lo intentes no se llegan a curar y cuando parece que han cicatrizado y las tocas, notas que debajo la cosa sigue blanda y aun duele.

No es la mejor sensación del mundo, la verdad. De hecho es una mierda. Pero por suerte las cosas no duran para siempre. Y digo suerte como podría decir desgracia, pero en este caso es suerte.

Aprendes a vivir cómo si eso fuera algo normal y a veces ese dolor se intensifica. Más dolor dónde no tendría que haber eso. Pero todo suma. Todo. Pienso que sin la base de dolor, el auténtico dolor sería menos intenso. Tendría la intensidad que debería tener, con sus matices. La sensación es parecida a cuando te duele algo y todos los golpes van a esa zona. Si no doliera de antes, seguramente esos golpes no los viviríamos de forma tan intensa. Creo que es un buen ejemplo. Se nota que hoy he tomado café del bueno.

El caso es que las heridas abiertas o las cicatrices mal curadas hacen que el día día sea más difícil. Pero igual que las úlceras por presión, con un tratamiento adecuado, se puede curar. Aunque a veces el gran porcentaje de que eso ocurra depende de uno mismo/a, el resto es de ayuda externa. Ya sea una gasa con betadine o gente que nos rodea. Puede que sin darse cuenta, ni nosotros/as mismos/as, pero eso es esencial para no ir dejando un rastro de sangre por allá dónde pasamos.

Por eso es tan importante que intentemos cicatrizar bien cicatrizado cada herida. Con ayuda o sin. Por qué llegará un día en el que nos demos un golpe en esa zona dónde tanto nos dolía y mejor que no tengamos secuelas para seguir con nuestra vida de forma normal. Por qué lo normal no es que todo duela de forma exagerada, si no saber amortiguar los golpes, no que estos formen parte de nosotros/as.