sábado, 13 de abril de 2013

Caracol




"Había una vez un caracol que no se sentía bien. Estaba rodeado de familia y buenas amigos, pero necesitaba algo más porque tenía la sensación de que aquello no era suficiente para él. Por suerte para los caracoles es fácil marcharse a otro lugar, pues su casa va siempre con ellos.

Y así lo hizo, partió para vivir mejor. Llegó muy lejos, pero allá tampoco se acababa de sentir bien del todo. El entorno era diferente, los que le rodeaban también, pero la sensación era igual que antes. Volvió a emprender un viaje mucho más lejano, el resultado fue el mismo. Así pasó mucho tiempo, más del que cualquiera hubiera podido soportar. No le importaba el cansancio, su tozudez era más fuerte.

Durante una de sus muchas lamentaciones se le acercó una babosa. Ésta le dijo lo siguiente: 
-¿Aun no te has dado cuenta de que el problema no está en lo que te rodea?

-¿A que te refieres?- Dijo el caracol en un tono sumamente preocupado-

- Por más lejos que vayas, lo que tienes cargado en la espalda te acompaña siempre.

-Pero es parte de mi, no puedo deshacerme de ello.

-Mientras lleves el peso de eso en la espalda, no conseguirás lo que quieres.

-Si me lo quito, moriré. 

- ¿Acaso no estás ya muerto por dentro?"






No quería hacer este cuento, porque prefería hacer algo más eficaz y menos poético. Algo así:

Y cómo un caracol que carga durante toda su vida con su caparazón, yo hago lo mismo con las cosas. No las digiero, me las echo a la espalda y sigo caminando. La diferencia entre un caracol y yo, es que él necesita llevar eso para vivir. Yo en cambio, llevar todo eso hace que vivir sea más complicado.


Sea cómo sea, los caracoles son chachis.



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