jueves, 4 de abril de 2013

Cor

Ahora mismo noto como el corazón me oprime el pecho. Tengo la sensación de que quiere salir disparado de aquí para ir a un lugar mejor. Un lugar dónde pueda estar tranquilo y vivir feliz.
Aquí dentro se tiene que sentir frustrado; cumple su función de bombear y de mantener vivo el cuerpo, nada más.

Como un trabajador en una cadena de montaje, sin aspiración a algo más, pero trabajando.
Él se merece algo mejor. Y no porque sea el mío, sino porque cualquier corazón se merece algo más. Incluso los corazones más castigados por culpa del colesterol necesitan un motivo por el que seguir ahí, aunque a su dueño o dueña no le importe estar maltratándolo.

El corazón no es rencoroso, pero si que tiene memoria, y en mi caso, eso es lo que le hace querer buscar su destino en otro lugar. Y las cicatrices. Las cicatrices están para recordarle todo lo que le ha pasado. Lo que en su día fueron algo doloroso ahora es sólo una imperfección superficial. Superficial a simple vista, porque no hay que olvidar que él tiene memoria. Es como cuando ves una foto de algo que te recuerda algún hecho doloroso. A simple vista es una foto, pero detrás esconde más cosas que no se perciben.

Quizás el dolor del recuerdo es lo que le hace querer dejarme atrás. Nunca lo he hablado con él. Está claro que si el se marcha, yo dejaré de ser yo. Hecho que no me preocupa demasiado teniendo en cuanta que hace tiempo que yo no soy yo. Y en el caso de serlo, el que se quiere ir corriendo de aquí, soy yo.





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