lunes, 9 de mayo de 2016

Cookies

Siempre me creí fuerte. Capaz de aguantar como un jabato. Pero me he dado cuenta que ya no es así.
Las cookies no me dejan. 

Por más que lo intente, todo me recuerda a ti y me cago en la puta. Pensé que ya no pensaría más en ti. No de esa manera que hace que me acuerde de todo lo que pasó y sobretodo, de lo que no pasó. La culpa es de las cookies. Tienen la capacidad de relacionarlo todo contigo. Esa es su función. Joderme la vida. No recuerdo haber aceptado ningún término ni condición para que ellas pudieran seguirme allá dónde fuera contigo y que me lo recordaran hasta que me doliera. 

En ningún momento imaginé que su poder fuera tan fuerte. Ellas son como esas cicatrices que te recuerdan que dónde ahora ves una marca, antes había una herida abierta. Pero en este caso abren la herida, echan sal, agua oxigenada y te enseñan imágenes de lo lenta que es tu cicatrización.

Sólo necesito saber si existe forma alguna de poder anular su función. Porque estoy seguro de que todo esto es obra suya.

No creo que sea yo mismo el que se haga este machaque.

No quiero creerlo.

Es más fácil culpar a las cookies.


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