Supongo que estáis orgullosos y orgullosas de tener la familia que tenéis. Yo si, desde luego.
Lo que no tenemos que dejar pasar es saber el porqué de las cosas. Todo es como es por algo. O por alguien.
A todos/as nos gusta pasarlo bien, juntarnos y disfrutar. Dicho así parece la mar de sencillo pero no lo es. Llegar a cenar en noche buena es aparentemente sencillo. Preparar la cena, montar mesas y recoger no tanto. Pagar los ingredientes tampoco requiere un esfuerzo más que el económico. Planificar y ejecutar las cosas si, aparte del desembolso económico igual que del resto de gente que no deja de ser un espectador/cliente de esa gran fiesta que tanto nos gusta.
E igual que en noche buena, eso se puede exportar al encuentro anual en la casa de colonias. Eso requiere mucha más faena. Muchísima más. Más gente, más días y más ganas porque nos lo den todo hecho. A todo el mundo seguramente le gustará no tener que preocuparse por tener que hacer la comida, ir a comprar, fregar y una larga lista. Para eso se inventaron los hoteles, para que nadie hiciera nada excepto tocarse el parrús, descansar o hacer lo que le venga a uno o una en gana. Allí estamos pagando un servicio. Allí es donde unas personas están cobrando un sueldo por hacer una faena. cuando nuestras tías y madres lo hacen en la casa de colonias no.
Lo mismo nadie se ha planteado que pensar en que elaborar un menú, ir a comprar, hacer una lista con todo lo que se necesita, ir hasta el Makro, cargar coches con todo guardarlo en su sitio y un largo etc. Requiere tiempo, esfuerzos y ganas. El tiempo es ilimitado y el mismo para todo el mundo. Todos tenemos nuestros horarios y nuestras vidas, pero lo queramos o no, no estamos ocupados/as las 24 horas al día. El esfuerzo es relativo y las ganas, las ganas terminan gastándose como si de una batería se tratase. Con esto quiero decir que si uno/a va a mesa puesta y no le gusta lo que hay tiene dos opciones: comer y callar o traerse de casa lo que uno/a quiera y hacérselo ya que seguramente las personas que han planeado que comer ese día hayan estado un tiempo más que suficiente en la cocina. Y con eso me refiero a muchas cosas más. Puede que la inexperiencia de algunos/as en según que temas organizativos a la hora de irse a una casa rural haga que no se tenga en cuenta o no se caiga en según que cosas. Más de 5 años después, no.
Nos gusta comer nos los churros y el chocolate pero no levantarnos temprano para hacerlos.
Nos gusta salir en la foto conjunta pero no estar pendientes de cuando se hará ya que es mucho más fácil que vengan a buscarnos por todo el recinto para salir en ella y que no falte ningún de los asistentes.
Nos gusta participar en juegos pero no planificarlos y que nos vengan a levantar de las sillas en las que tan agusto estamos. Cosa que para mi no tiene mucho sentido ya que cuando uno/a tiene ganas de hacer algo no hace falta que le digan ni mu para motivarse y darlo todo. Puede que las que han estado todo el día en la cocina lo necesiten, muchos/as otros/as no.
Sinceramente me sabe un poco mal que se hayan asumido ciertos roles, machistas o no machistas, y que vivamos en nuestro país de serpentinas y nubes de algodón. Más que eso, que no se valore todo el esfuerzo que hay detrás para que las cosas salgan bien. Personalmente me la sopla bastante que se hagan juegos o no. Concretamente hacerlos yo. Tengo los huevos pelaos' de hacer este tipo de cosas pero eso no quiere decir que tenga la capacidad exclusiva de hacerlo, como ya he dicho anteriormente: el primer año, vale, pero 5 años después cuando todo Cristo ha jugado/vivido/reído/comido lo mismo ya no cuela. Lo que si me toca la pelotera es que me vengan a buscar como si fuera un showman o el animador oficial, no tengo problema en hacerlo cobrando, pero allí todos/as estamos de relax. Supuestamente.
Siempre he dicho que nadie es imprescindible y que la vida sigue girando cuando nosotros estamos o no. Lo que está claro es que tendríamos que ponernos a pensar un poco cual es nuestro papel. Seguramente todo el mundo lo sepa ya, pero nunca está de más mirar hacia adentro y vernos a nosotros mismos.
Para concluir me gustaría que nadie se sintiera más ofendido de lo que he pretendido que os ofendáis, si es que tenéis motivos para hacerlo. Sólo quería hacer esta (en principio iba a ser) breve reflexión y que valoremos, que tenemos y que intentemos que dure lo máximo posible si tan orgullosos y orgullosas estamos de ello. Si no, todo quedará en un bonito recuerdo en unos años, y eso,(seamos capaces de levantarnos, recoger y lavar nuestros platos) no nos lo podrá quitar nadie.
lunes, 30 de septiembre de 2013
domingo, 16 de junio de 2013
Encajes que no encajan
Lo que nos hace especiales por un lado, nos hace raros en otras cosas.
Cuando dejas de hacer esas cosas que te convertían en raro y son normales para el resto,
sigues siendo raro ya que eso no es propio de ti. Por querer ser normal, sigues siendo raro.
Hay gente que ha nacido para ser rara, para no encajar en ningún otro sitio.
Eso se demuestra muy facilmente. Puede que una parte de ti encaje en algún sitio, pero mientras encajas por un lado, por otro estás totalmente fuera. Difícil como intentar encajar las marcas de registro de unos acetatos en cuatricomía. Hay quien cree en los chakras, yo prefiero hacerlo en las marcas de registro. Para empezar son menos y yo soy fans del mínimo esfuerzo. Sea lo que sea tanto unos como otros son difíciles de alinear. La perfección es imprescindible para un buen resultado. Imprescindible como los órganos que nos permiten vivir. Si estos no estuvieran bien alineados y funcionando en harmonía la maquinaria se apagaría "en un tres i no res".
Dejando de lado todo eso, prefiero seguir hablando de lo que supone ser una pieza de puzzle única. Única como el resto de mortales y diferente como todos los demás. La sensación de no encajar es bastante desagradable y puñetera.
Como ya he dicho a veces encajamos en algún sitio y eso es muy chévere pero nos damos cuenta que cuando intentamos encajar en otro sitio, lo que ya teníamos encajado se ha salido. Así siempre el cuento de nunca acabar. Hay quién le llama a eso vivir.
Yo prefiero llamarlo error de fabricación.
domingo, 26 de mayo de 2013
Untouchable
Todos y todas alguna vez nos hemos sentido intocables. No me refiero a cuando tocas una estrella, empiezas a parpadear, dar volteretas mientras hay lucecitas a tu alrededor y la música se acelera. Me refiero a intocable de verdad.
"Eso a mi nunca me pasará" esa gran frase que tarde o temprano acabamos comiéndonos con patatas o con el acompañante que más te guste, pero te la acabas comiendo.
Hace un par de días descubrí que no soy intocable en una de las pocas cosas en las que más seguro y cómodo me siento: mi trabajo. No soy el primero que se queda sin un trabajo. Ni seré el último, por desgracia para los 6.000.000. de parados y paradas de este precioso y corrupto país. Y cómo país que cada uno entienda lo que quiera, no voy a entrar en debates político-geográficos porque no he venido a aquí a hablar de eso. Estoy muy familiarizado con el rechazo (con el no-rechazo también) Aun así, siempre impacta. Es como estar en un campo de batalla viendo como a todos les atraviesa una bala y tu sigues ahí, de pie mirando mientras piensas "a mi no me pasará". Entonces notas un escalofrío que impacta en ti. Entonces pasas a ser uno más. Pierdes tu inmunidad y tu posición de victorioso frente a los demás. Desde el suelo todo se ve más grande, más alto. Ya no eres una de aquellas grandes torres. Ahora eres un obstáculo en el camino de otros y en el tuyo propio. Arrastrarse es más duro que andar.
No pasa nada, siempre te puedes adaptar al medio. El medio no se adaptará a ti. No importa, la dificultad está hecha para superarla. Lo que nadie nos dijo lo bello que es ser intocable y lo horrible que es dejar de serlo. Igual que nadie me advirtió de lo inquietante que es sentir indiferencia ante tal pérdida de privilegio.
"Eso a mi nunca me pasará" esa gran frase que tarde o temprano acabamos comiéndonos con patatas o con el acompañante que más te guste, pero te la acabas comiendo.
Hace un par de días descubrí que no soy intocable en una de las pocas cosas en las que más seguro y cómodo me siento: mi trabajo. No soy el primero que se queda sin un trabajo. Ni seré el último, por desgracia para los 6.000.000. de parados y paradas de este precioso y corrupto país. Y cómo país que cada uno entienda lo que quiera, no voy a entrar en debates político-geográficos porque no he venido a aquí a hablar de eso. Estoy muy familiarizado con el rechazo (con el no-rechazo también) Aun así, siempre impacta. Es como estar en un campo de batalla viendo como a todos les atraviesa una bala y tu sigues ahí, de pie mirando mientras piensas "a mi no me pasará". Entonces notas un escalofrío que impacta en ti. Entonces pasas a ser uno más. Pierdes tu inmunidad y tu posición de victorioso frente a los demás. Desde el suelo todo se ve más grande, más alto. Ya no eres una de aquellas grandes torres. Ahora eres un obstáculo en el camino de otros y en el tuyo propio. Arrastrarse es más duro que andar.
No pasa nada, siempre te puedes adaptar al medio. El medio no se adaptará a ti. No importa, la dificultad está hecha para superarla. Lo que nadie nos dijo lo bello que es ser intocable y lo horrible que es dejar de serlo. Igual que nadie me advirtió de lo inquietante que es sentir indiferencia ante tal pérdida de privilegio.
jueves, 16 de mayo de 2013
Eco

Imagínate decir cosas horribles a la entrada de una cueva. El eco seguiría repitiendo eso durante unos instantes. Haciendo que no te olvides de lo que has dicho, sin darte la oportunidad de rectificar ni de pedir perdón. Por suerte el eco cada vez es más débil y acaba desapareciendo. Pero aunque ya no se oiga, tú sabes lo que has dicho y las paredes húmedas de la cueva también. A tu favor está el hecho de que las paredes no hablan, ellas sólo oyen y repiten lo que tu has dicho, pero jamás te responderán. Eso es porque ellas son más sabias que cualquier ser humano y que cualquier animal. Nosotros podemos dejar huella en una pared o papel, ellas no. Ellas absorben todo lo que les cuentan, tanto lo bueno como lo malo.
Creo que mi cabeza está hecha de esas paredes, pero con la especial característica especial de tener un eco permanente. No hay salida posible que haga que ese eco cada vez se haga más débil y acabe desapareciendo. Bueno, si que la hay, pero sólo para las cosas positivas. Porque esas son las que menos duran. Las otras sin embargo siguen ahí desde el primer día, sin dar tregua a que cesen de una vez. A las viejas se le suman las nuevas y allí dentro hay tal jaleo que hace que no puedas distinguir una frase de otra. Sólo la sensación negra que lo invade todo es capaz de distinguirse del resto. Pero ese resto es cada vez más insignificante, acaba en un segundo plano y a la larga acabará siendo absorbido por la negrez que tiene de compañera de hogar.
Es bonito pensar en dar un fuerte golpe, hacer un boquete, y ver como sale todo el humo negro hacia fuera en forma de eco, de esos que se acaban diluyendo en el aire. De esos que no hacen daño a nadie repitiendo una y otra vez lo que has dicho. Puede también que lo bueno que queda, lo poco, se esfumara también. Es un riesgo que habría que correr para intentar deshacerse de lo malo. Pero sin lo malo no puede existir lo bueno, y lo bueno no puede existir sin lo malo no existe directamente.
domingo, 21 de abril de 2013
El síndrome de Ralph
Todos somos especiales. Eso nos dicen de pequeños para no nos sintamos menos que nadie o para que entendamos porqué somos cómo somos: únicos e irrepetibles.
Somos especiales por el mero hecho de ser nosotros. También somos especiales para algunas personas. En algunos casos lo somos para toda la vida, en otros sin embargo, lo somos durante un tiempo determinado. Podemos dejar de ser especiales por acabar una relación con otra persona ( sea sentimental, de amistaT, de trabajo), entonces nos convertimos en una persona, sin la coletilla "especial". En estos casos hemos sido víctimas de lo que yo llamo "especial de necesidad". Ocurre cuando alguien necesita a otro alguien especial, normalmente para algo concreto y con una duración determinada. A muchos nos habrá pasado que hemos conectado muy bien con alguien, algo fuera de lo común, y con el tiempo esa persona está fuera de tu vida y acaba por convertirse en un simple recuerdo.
Nos guste o no, esa persona ha sido especial, y puede que nosotros también lo hayamos sido.
Es de esto de lo que quiero hablar: ser especial.
Parece muy bonito, pero ser especial es igual de duro que ser Spiderman. Me considero especial, no porque tenga un ego por las nubes, todo lo contrario. Me lo han dicho personas especiales y personas no especiales. La reacción ha sido siempre la misma: miedo. Reconozco que tengo muchas particularidades, de buenas y de malas. No puedo hacer balance sobre cuales predominan, creo que necesitaría demasiado tiempo para hacer una lista, y yo no he venido aquí para hablar de eso.
Me gusta hacer detalles a quien me apetece y a quien creo que se lo merece. Esto puede darse durante un tiempo determinado, con más intensidad o con menos, pero nunca para toda la vida. No creo que nadie sea especial para siempre. No por nada, sino porque depende de como esté yo. Es cómo cuando una camiseta ya no te entra; la camiseta sigue siendo igual, el que se ha engordado has sido tú. Lo que antes era algo normal, ahora se ha convertido en algo estrecho y pequeño. Pero no es estrecho y pequeño, sino eres tú el que está más grande y ancho.
Volviendo a lo anterior, lo que me convierte en especial me sale de dentro. Muchas veces son impulsos, otras (muy pocas veces) vienen de haber estado pensando durante un rato. Soy horrible para los cumpleaños o eventos programados. En cambio puedo plantarme un día en la escuela de una amiga y dejarle un regalito. Con esto no quiero decir que ser especial significa regalar cosas materiales. Para nada. La presión de ser especial es mucho más fuerte que cualquier cosa material. Es tener que estar alerta de lo que ocurre, de decir unas palabras en el momento preciso, en sorprender, en hacer reír, en callar y escuchar...
Ser especial es bonito y aterrador a la vez. Como las mejores cosas, supongo. El único problema de serlo es serlo. Sin quererlo somos especiales cuando nos gustaría más ser un pedazo de carne con sentimientos y habilidades sociales. Pero hay cosas que no se eligen, si son así es porque tiene que serlo. El truco estará en encontrar la respuesta. Respuesta que no quiero saber.
P.D. Lo mismo te crees especial pero en realidad lo que eres es:
sábado, 13 de abril de 2013
Caracol
"Había una vez un caracol que no se sentía bien. Estaba rodeado de familia y buenas amigos, pero necesitaba algo más porque tenía la sensación de que aquello no era suficiente para él. Por suerte para los caracoles es fácil marcharse a otro lugar, pues su casa va siempre con ellos.
Y así lo hizo, partió para vivir mejor. Llegó muy lejos, pero allá tampoco se acababa de sentir bien del todo. El entorno era diferente, los que le rodeaban también, pero la sensación era igual que antes. Volvió a emprender un viaje mucho más lejano, el resultado fue el mismo. Así pasó mucho tiempo, más del que cualquiera hubiera podido soportar. No le importaba el cansancio, su tozudez era más fuerte.
Durante una de sus muchas lamentaciones se le acercó una babosa. Ésta le dijo lo siguiente:
-¿Aun no te has dado cuenta de que el problema no está en lo que te rodea?
-¿A que te refieres?- Dijo el caracol en un tono sumamente preocupado-
- Por más lejos que vayas, lo que tienes cargado en la espalda te acompaña siempre.
-Pero es parte de mi, no puedo deshacerme de ello.
-Mientras lleves el peso de eso en la espalda, no conseguirás lo que quieres.
-Si me lo quito, moriré.
- ¿Acaso no estás ya muerto por dentro?"
No quería hacer este cuento, porque prefería hacer algo más eficaz y menos poético. Algo así:
Y cómo un caracol que carga durante toda su vida con su caparazón, yo hago lo mismo con las cosas. No las digiero, me las echo a la espalda y sigo caminando. La diferencia entre un caracol y yo, es que él necesita llevar eso para vivir. Yo en cambio, llevar todo eso hace que vivir sea más complicado.
Sea cómo sea, los caracoles son chachis.
jueves, 4 de abril de 2013
Cor
Ahora mismo noto como el corazón me oprime el pecho. Tengo la sensación de que quiere salir disparado de aquí para ir a un lugar mejor. Un lugar dónde pueda estar tranquilo y vivir feliz.
Aquí dentro se tiene que sentir frustrado; cumple su función de bombear y de mantener vivo el cuerpo, nada más.
Como un trabajador en una cadena de montaje, sin aspiración a algo más, pero trabajando.
Él se merece algo mejor. Y no porque sea el mío, sino porque cualquier corazón se merece algo más. Incluso los corazones más castigados por culpa del colesterol necesitan un motivo por el que seguir ahí, aunque a su dueño o dueña no le importe estar maltratándolo.
El corazón no es rencoroso, pero si que tiene memoria, y en mi caso, eso es lo que le hace querer buscar su destino en otro lugar. Y las cicatrices. Las cicatrices están para recordarle todo lo que le ha pasado. Lo que en su día fueron algo doloroso ahora es sólo una imperfección superficial. Superficial a simple vista, porque no hay que olvidar que él tiene memoria. Es como cuando ves una foto de algo que te recuerda algún hecho doloroso. A simple vista es una foto, pero detrás esconde más cosas que no se perciben.
Quizás el dolor del recuerdo es lo que le hace querer dejarme atrás. Nunca lo he hablado con él. Está claro que si el se marcha, yo dejaré de ser yo. Hecho que no me preocupa demasiado teniendo en cuanta que hace tiempo que yo no soy yo. Y en el caso de serlo, el que se quiere ir corriendo de aquí, soy yo.
Aquí dentro se tiene que sentir frustrado; cumple su función de bombear y de mantener vivo el cuerpo, nada más.
Como un trabajador en una cadena de montaje, sin aspiración a algo más, pero trabajando.
Él se merece algo mejor. Y no porque sea el mío, sino porque cualquier corazón se merece algo más. Incluso los corazones más castigados por culpa del colesterol necesitan un motivo por el que seguir ahí, aunque a su dueño o dueña no le importe estar maltratándolo.
El corazón no es rencoroso, pero si que tiene memoria, y en mi caso, eso es lo que le hace querer buscar su destino en otro lugar. Y las cicatrices. Las cicatrices están para recordarle todo lo que le ha pasado. Lo que en su día fueron algo doloroso ahora es sólo una imperfección superficial. Superficial a simple vista, porque no hay que olvidar que él tiene memoria. Es como cuando ves una foto de algo que te recuerda algún hecho doloroso. A simple vista es una foto, pero detrás esconde más cosas que no se perciben.
Quizás el dolor del recuerdo es lo que le hace querer dejarme atrás. Nunca lo he hablado con él. Está claro que si el se marcha, yo dejaré de ser yo. Hecho que no me preocupa demasiado teniendo en cuanta que hace tiempo que yo no soy yo. Y en el caso de serlo, el que se quiere ir corriendo de aquí, soy yo.
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