martes, 24 de mayo de 2011

Y la agradable sensación de saber que nadie te estará esperando en casa


Paso muchas horas fuera de casa, demasiadas. Durante todo el día estoy en relación constante con personas, ya sean de menos de metro y medio o de metro 70, más altos no. Todos interactuamos con todos, unos más que otros, otros menos... eso da lo mismo.

El caso es que puede llegar un punto en que te satures de tanta gente, tantas conversaciones, de girar la tortilla miles de veces para que la cosa no se tuerza... De escuchar problemas de otros, de que no oigan los tuyos, de pensar lo que es mejor para todos olvidándote de ti, ser egoísta y hacerse la sueca cuando alguien te pide ayuda...

Después de todo el día te dan una buena noticia; unos amigos
(hombre y mujer) se casan el año que viene en Sitges en pleno orgullo. Casualidad pura. Después de eso vas al Mercamamona a comprar pan, tomates "de sucar", manzanas y galletas mini María. Subes las escaleras de casa mientras suenan B-sides de las Girls Aloud, piensas en todo, en como es tu vida, lo que tienes, lo que quieres, lo que haces...

Entonces metes la llave en la cerradura y notas la agradable sensación de saber que nadie estará esperándote en casa.



"Hombre dulce hombre"

3 comentarios:

Icies dijo...

La misma sensación tengo yo!!! Y si un día soy una pesada que te cuento mis movids y tú no, dímelo!!
y...¿qué era lo otro?

j'adore!

Soliloco dijo...

Soy super fan de esa sensación!!

Saber que por fin llegas a un sitio que no tienes que aguantar tontás ni ná de nadie!!

Felisa dijo...

La sensación de la que hablas es ciertamente placentera... pero la soledad permanente... esa nunca!!